lunes, 6 de abril de 2009

Viaje a Tarifa...

Dice un tal Murphy que cuando algo sale mal no te hundas, porque siempre puede ir a peor. A pesar de ser este personaje el causante de todas las desgracias que nos ocurren en nuestra rutina diaria, en esta frase tan profunda creo que se merece una ovación del público al conseguir animarnos incluso cuando pensamos que no podemos estar más jodidos, y es que siempre siempre siempre se puede ir a peor (y si eres de los que piensas que has tocado fondo como yo solía hacer consuelate pensando que todo lo que venga sólo sera para mejorar las cosas).
Esta es la historia de un viaje a las playas de Tarifa, donde todos rondábamos los dieciocho años en mi grupo de amigos, implicando esto las ganas de juerga por ser mayores de edad y la euforia de aquellos que habían conseguido sacarse el carnet de conducir.
Yo no fui de los primeros en conseguirlo (para que sacar el carnet y que te toque conducir un día de borrachera cuando ya tienes amigos que pringuen ¿no? jeje), y de mis amigos que ya lo tenían destacaban dos: uno con un coche bastante viejo e inseguro y con demasiada potencia (un Mazda) y otro con un nuevo y recien conseguido Toyota Corolla impecable, reluciente.
El conductor del nuevo coche también era novicio en esto de tener carnet, y como era de esperar, conducía como una viejecita esperando tener un accidente en cada esquina.
Llegado el espantoso calor de verano a la zona de la costa, decidimos darnos un capricho y viajar a Tarifa, una zona inmensa de playas y buen ambiente juvenil; sólo había un pequeño inconveniente: teníamos que convencer al conductor novel para que accediese a llevar su propio coche, ya que no cabíamos todos en el Mazda, llevando éste tan sólo tres días con el vehículo en su poder y estando sus padres de viaje en el extranjero, con lo que se les debería ocultar lo de viajar.
Tras muchas discusiones y palabrerías, este conductor decidió que llevaría su coche siempre y cuando fuera otra persona la que lo condujese, con lo que se ofreció su propia novia que tenía algo más de experiencia con el carnet.
Durante todo el viaje, los ocupantes del Mazda que nos encontrabamos situados justo detrás del Toyota, íbamos riendo y gastando bromas con la cara que podían poner los padres de nuestro amigo si su coche llegaba con algún arañazo en su primera semana. Cuando nos estabamos acercando a nuestro destino, nos dimos cuenta de que era tal la proximidad a la costa africana que hasta se podían sintonizar sus radios, y así fuimos unos minutos con la música árabe a toda ostia bailando y haciendo el imbecil dentro del coche mientras supe que en el coche delantero sólo se escuchaba: "vete más despacio", "cuidado con el coche delantero".
No más de veinte minutos después nos encontrabamos parados en una recta de poca velocidad con nuestros dos vehículos estampados entre sí; resulta que en aquella recta, el turismo que iba por delante de nuestro primer coche había frenado en seco tras realizar una maniobra prohibida de giro, haciendo frenar también por completo al Toyota y lo mismo con el Mazda.
La pega fue que el impresionante Toyota, con su nuevo sistema de frenado ABS había conseguido parar sin ningún peligro tras unos quince metros, evitando el contacto frontal con el coche más proximo, pero sin embargo el Mazda sin ABS, ni AIR-BAG, ni pastillas de freno en condiciones, fue directo contra el coche de nuestro amigo aun habiendo mantenido una alta distancia de seguridad; a los ocupantes de este último coche nos dió tiempo a repetir más de tres veces "no frena, nos la pegamos" mientras veíamos al coche deslizarse por la gravilla del asfalto.
Tras comprobar que todos nos encontrabamos en perfectas condiciones físicas, y sin estar orgulloso por ello, otro amigo y yo comenzamos a reir a carcajadas pensando en los padres del conductor novato (por lo visto se llama "risa post-traumática), cuando aún se encontraban los dos coches tan unidos entre ellos que no se sabía dónde empezaba uno y acababa el otro (sólo imaginaos la cara que pondríais si os ocurre esto en vuestra primera semana con carnet y coche jaja).
Todos observabamos espectantes el momento de fragmentación de aquel amasijo de hierro como si de la operación de separación entre dos hermanas siameses se tratase.
Cuando se produjo el movimiento del coche delantero todos nos quedamos boquiabiertos: la parte delantera del Mazda más que a un capó se parecía a un acordeón y sin embargo la parte trasera del Toyota estaba...¡impecable!, tan sólo tenía un pequeño rasguño imposible de percibir a más de un metro de distancia.
Como también dice Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal, pero en este caso me alegro de que así fuera, ya que de aquel accidente sacamos la conclusión de que podíamos confirmar que el Toyota Corolla era el coche más seguro del mundo, y más importante aún: si llegamos a tener un accidente serio con el Mazda seguramente esta historia no os habría llegado escrita mediante un blog, sino por medio de periódicos o necrológicas, ya que yo, como todos los ocupantes del vehículo, habríamos perecido inútilmente en el choque y de una anécdota graciosa pasaríamos a una catástrofe.

No hay comentarios: