lunes, 6 de abril de 2009

Viaje a Tarifa...

Dice un tal Murphy que cuando algo sale mal no te hundas, porque siempre puede ir a peor. A pesar de ser este personaje el causante de todas las desgracias que nos ocurren en nuestra rutina diaria, en esta frase tan profunda creo que se merece una ovación del público al conseguir animarnos incluso cuando pensamos que no podemos estar más jodidos, y es que siempre siempre siempre se puede ir a peor (y si eres de los que piensas que has tocado fondo como yo solía hacer consuelate pensando que todo lo que venga sólo sera para mejorar las cosas).
Esta es la historia de un viaje a las playas de Tarifa, donde todos rondábamos los dieciocho años en mi grupo de amigos, implicando esto las ganas de juerga por ser mayores de edad y la euforia de aquellos que habían conseguido sacarse el carnet de conducir.
Yo no fui de los primeros en conseguirlo (para que sacar el carnet y que te toque conducir un día de borrachera cuando ya tienes amigos que pringuen ¿no? jeje), y de mis amigos que ya lo tenían destacaban dos: uno con un coche bastante viejo e inseguro y con demasiada potencia (un Mazda) y otro con un nuevo y recien conseguido Toyota Corolla impecable, reluciente.
El conductor del nuevo coche también era novicio en esto de tener carnet, y como era de esperar, conducía como una viejecita esperando tener un accidente en cada esquina.
Llegado el espantoso calor de verano a la zona de la costa, decidimos darnos un capricho y viajar a Tarifa, una zona inmensa de playas y buen ambiente juvenil; sólo había un pequeño inconveniente: teníamos que convencer al conductor novel para que accediese a llevar su propio coche, ya que no cabíamos todos en el Mazda, llevando éste tan sólo tres días con el vehículo en su poder y estando sus padres de viaje en el extranjero, con lo que se les debería ocultar lo de viajar.
Tras muchas discusiones y palabrerías, este conductor decidió que llevaría su coche siempre y cuando fuera otra persona la que lo condujese, con lo que se ofreció su propia novia que tenía algo más de experiencia con el carnet.
Durante todo el viaje, los ocupantes del Mazda que nos encontrabamos situados justo detrás del Toyota, íbamos riendo y gastando bromas con la cara que podían poner los padres de nuestro amigo si su coche llegaba con algún arañazo en su primera semana. Cuando nos estabamos acercando a nuestro destino, nos dimos cuenta de que era tal la proximidad a la costa africana que hasta se podían sintonizar sus radios, y así fuimos unos minutos con la música árabe a toda ostia bailando y haciendo el imbecil dentro del coche mientras supe que en el coche delantero sólo se escuchaba: "vete más despacio", "cuidado con el coche delantero".
No más de veinte minutos después nos encontrabamos parados en una recta de poca velocidad con nuestros dos vehículos estampados entre sí; resulta que en aquella recta, el turismo que iba por delante de nuestro primer coche había frenado en seco tras realizar una maniobra prohibida de giro, haciendo frenar también por completo al Toyota y lo mismo con el Mazda.
La pega fue que el impresionante Toyota, con su nuevo sistema de frenado ABS había conseguido parar sin ningún peligro tras unos quince metros, evitando el contacto frontal con el coche más proximo, pero sin embargo el Mazda sin ABS, ni AIR-BAG, ni pastillas de freno en condiciones, fue directo contra el coche de nuestro amigo aun habiendo mantenido una alta distancia de seguridad; a los ocupantes de este último coche nos dió tiempo a repetir más de tres veces "no frena, nos la pegamos" mientras veíamos al coche deslizarse por la gravilla del asfalto.
Tras comprobar que todos nos encontrabamos en perfectas condiciones físicas, y sin estar orgulloso por ello, otro amigo y yo comenzamos a reir a carcajadas pensando en los padres del conductor novato (por lo visto se llama "risa post-traumática), cuando aún se encontraban los dos coches tan unidos entre ellos que no se sabía dónde empezaba uno y acababa el otro (sólo imaginaos la cara que pondríais si os ocurre esto en vuestra primera semana con carnet y coche jaja).
Todos observabamos espectantes el momento de fragmentación de aquel amasijo de hierro como si de la operación de separación entre dos hermanas siameses se tratase.
Cuando se produjo el movimiento del coche delantero todos nos quedamos boquiabiertos: la parte delantera del Mazda más que a un capó se parecía a un acordeón y sin embargo la parte trasera del Toyota estaba...¡impecable!, tan sólo tenía un pequeño rasguño imposible de percibir a más de un metro de distancia.
Como también dice Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal, pero en este caso me alegro de que así fuera, ya que de aquel accidente sacamos la conclusión de que podíamos confirmar que el Toyota Corolla era el coche más seguro del mundo, y más importante aún: si llegamos a tener un accidente serio con el Mazda seguramente esta historia no os habría llegado escrita mediante un blog, sino por medio de periódicos o necrológicas, ya que yo, como todos los ocupantes del vehículo, habríamos perecido inútilmente en el choque y de una anécdota graciosa pasaríamos a una catástrofe.

sábado, 4 de abril de 2009

American Niggers...

En mi primer viaje al continente de norte américa me cercioré de numerosos aspectos de la vida sobre el mundo en general y sobre mí mismo en particular.
La primera lección que me dió la vida es que si viajas por primera vez a un país donde sólo te pueden hablar en un idioma "estudiado durante años" sin ningún tipo de ayuda externa estas muy jodido.
En mi caso viajábamos un grupo de entre veinte y treinta chavales, todos sobre unos catorce o quince años de edad, con el fin de convivir un mes entero con una familia de acogida la cual no tenía ni el mínimo ápice de conocimiento del lenguaje castellano.
Cuando llegas definitivamente al lugar de recogida tras largas horas de aviones y autobuses (Málaga-Madrid, Madrid-Philadelphia, Philadelphia-Sacramento), con la mejor cara posible teniéndola desencajada por el viaje, tienes que decidir qué hacer al conocer a la familia: estrechar la mano (demasiado frío), abrazar (demasiado pegajoso) o dar dos besos (de esto no tenían ni puta idea), y tras pensarlo varias veces te decides a esperar su reacción, con lo que el saludo se queda en una escena de cuatro personas de pie que se conocen de forma ridícula sin ningún contacto físico, tan sólo un leve levantamiento de la cabeza amablemente y varios segundos la mar de incómodos.
De lo primero que te das cuenta al comenzar el trato con la familia es de que no tienes ni la más mínima idea de qué cojones te estarán intentando decir, con lo que sólo tienes en mente a toda la familia de tu profesor de inglés reunida; para más inri, yo tuve la gran suerte de que me tocó una "madre" gangosa, es decir, si ya es dificil hablar con un gangoso en castellano, imagináoslo en inglés y por primera vez (¡ña ña ñaña ña!), algo imposible .
Al llegar a casa haces uso de algunas de tus frases preparadas para quitarte de enmedio: "i'm so tired, i'm going to sleep", y así poder asimilar la nueva estancia.
Cuando pasan los días te das cuenta de que le vas cogiendo el truquillo a eso de la comunicación; igual al principio es más mímica que inglés, pero satisface por igual el poder entenderse.
Podría contar un montón de anécdotas del viaje a Sacramento, así que simplemente relataré la primera que se me ha venido en mente. En este viaje la cosa funcionaba así: por las mañanas acudíamos a "clases" con los demás compañeros españoles (entre comillas debido a que allí sólo hacíamos el paripé), después de almorzar siempre tenían organizado un pequeño viaje o actividad y de tarde-noche volvíamos a casa para estar con la familia.
Esta historia tiene lugar a la vuelta de uno de esos viajes para realizar actividades (creo recordar que se trataba de jugar al minigolf, pero a quién le importa ¿no? jaja), en la que tres chicos españoles y yo nos encontrabamos en un coche conducido por un americano (bastante palurdo el pobre joven).
Como era habitual poníamos la música que se nos antojaba, y siempre le decíamos al conductor que la subiera más y más hasta reirnos de ver cómo sufrían de lo alta que estaba; en esa misma tarde, con la música a toda ostia y parados en un semáforo nos quedamos perplejos cuando escuchamos un ruido más molesto aún que el nuetro propio que se acerca por nuestro costado hasta quedarse pegado a menos de un metro: era el típico coche de negratas superfumados que llevaban puesto hiphop americano distorsionado por el alto volumen, quienes se nos quedan mirando en plan desafiante.
En el asiento del copiloto se encontraba el más chulito de nosotros, un chaval que hacía boxeo, el cual apretó el botón de bajar la ventanilla del coche a la vez que nos preguntaba irónicamente: ¿qué pasará si bajo la ventanilla?; la primera reacción de los negratas fue la de preguntarle abiertamente "have you got a problem?" (¿tienes algún problema?), y acojonado aunque sonriendo volvió a accionar el mecanismo de la ventana pero esta vez para subirla.
El conductor pardillo que sabía mejor que nadie dónde nos estabamos metiendo pisó el acelerador a fondo nada más cambiar al verde el semáforo para dejar al "niggercar" detrás y llegar lo antes posible a la iglesia donde dábamos clase (en efecto, dabamos clase en una iglesia, que triste); la pena fue que el carrazo de los morenos tenía infinitamente más potencia que el nuestro, así que fueron detrás nuestra el resto del camino hasta llegar al aparcamiento, donde bloquearon la salida de nuestro coche con el suyo nada más estacionar, a la vez que salían un monton de gente desde dentro de aquel vehículo maldito con demasiados kilos de músculos y poca cara de amigos.
Fue el momento en que todos nosotros nos convertimos al catolicismo de forma directa rogándole a Dios por una salida sin llegar a verter nuestra sangre en el suelo de aquella capilla; acojonados, desde el interior del coche, vimos como nuestras plegarias salvaron la vida del conductor pardillo que intentaba persuadir a la pandilla de salvajes, consiguiendo que estos siguieran su propio camino después de estar amenazándonos unos angustiosos instantes.
A la semana siguiente nos enteramos que se trataba de una banda armada de afroamericanos relacionada con casos de extorsión, robos e incluso casos de homicídios sin resolver, que junto con el francotirador loco que andaba suelto por aquella época en Sacramento, hicieron de nuestro viaje un entretenido y agradable paseo por la ciudad, sabiendo que desde aquel día todos los ocupantes de nuestro vehículos habíamos vuelto a nacer.

viernes, 20 de marzo de 2009

El desmayo...

Hace cosa de un par de años mi vida iba sobre ruedas: empezaba el veranito, mis estudios estaban dando su fruto, tenía una lista repleta de amigos, acababa de empezar una relación con una chica y hasta llegué a comprarme un perro con ella en un arrebato de locura, quien ahora se dedica básicamente a traerme todo tipo de objetos que se encuentra en su camino (el perro, no ella jaja), es el conocido como "coco" o en sus orígenes "trescincuenta" por lo que ya os podeis imaginar.
Después de mantener mil y una conversaciones con esta chica nos dimos cuenta de algo absurdo: yo, un tipo corriente con apenas veintidós años, no me había hecho un análisis de sangre en toda mi vida como homo sapien, debido a mi gran temor por las jeringuillas, agujas o tambien conocidas como herramientas de la muerte.
Tras varios días dándole vueltas al tema, mi chica me llega a convencer de que saber cómo estas en tu interior es una cosa vital (me engañaron como a un bobo jajaj), así que deposité mi confianza en ella y le prometí acudir al hospital al día siguiente para realizarme las pruebas.
No se si os habreis hecho un análisis de sangre alguna vez, pero yo os quiero relatar mi punto de vista en cuanto al tema: primero tienes que madrugar sabiendo que un universitario siempre se acuesta a las tantas de la madrugada porque hay un horario definido donde sólo se hacen los análisis por la mañana; después, para más inri, tienes que ir en ayunas para no alterar el resultado de los análisis; más tarde llegas a una sala de espera sabiendo que al otro lado de la puerta en cualquier momento algún novicio en medicina saldrá a anunciarte que tiene permiso para atravesarte la vena con una aguja gorda para permitir un mayor fluido de la sangre y una vez allí, como si de un adicto a la heroína se tratara, te atan una goma al brazo y te dan golpecitos en la vena para hacer que resalte sobre la piel.
Yo soy tan tan listo, que el primer día que intenté cumplir mi promesa me desperté, recogí las tarjetas del seguro médico, me monté en el coche y una vez alli seguí la rutina de comerme una gominola de la bolsa eterna que ya se estaban poniendo rancias. Cuando mi novia presenció aquel instante se echó las manos a la cabeza y me dijo: eres increible, te vas a hacer unos análisis y te comes una gominola. Al darme cuenta me eché a reir y volvimos de nuevo a casa a continuar con las horas de sueño.
Nuevamente, al día siguiente hicimos otro nuevo intento, pero esta vez sin gominolas de por medio, y llegamos al hospital tan temprano que los viejitos de la zona aun seguían durmiendo. Nada más llegar me preguntan por mis razones en el hospital y sin ningún problema le explique que quería hacerme un análisis de sangre; lo primero que me replicaron fue: -¿tienes la receta del médico? -no señora, vengo por voluntad propia, -¿pero te encuentras mal? -no otra vez, pero resulta que nunca me he hecho uno de estos y quiero saber si todo va bien, -¿de verdad que quieres hacerte un análisis por voluntad propia? -así es, contesté mientras veía como aquella enfermera me miraba como si de un retrasado mental se tratase y yo miraba a mi novia pensando "¡te mato!".
Tras esta conversación sin importancia para el lector del blog, me dieron la buena noticia de que no había nadie esperando para pincharse, osea que ni si quiera tenía tiempo de mentalizarme (¡yuhuuuu!); sin más entré y como una niña de cinco años le dije a la enfermera: -señorita, le tengo pánico a las agujas, quien muy amablemente me apartó la cara y sin que me diera cuenta me contestó: -ya hemos terminado corazón. ¿Y ya está?, ¿tanto pánico para esto?, buah, si hace falta mañana mismo me hago otro.
Salí con la cabeza bien alta de aquel lugar orgullosísimo de mi mismo y en la entrada principal ví el letrero de "Urgencias". Como amí siempre me pasa algo, le propuse a mi novia ir a echarme un vistazo a unos gánglios cerca del estómago que dolían a rabiar, y ella gustosamente aceptó a acompañarme (porque no podía irse sin mí ya que yo era quien tenía el coche jaja). Una vez allí nos sentamos en la gran sala de espera repleta de gente enferma mientras yo seguía con mi algonocito en el brazo enseñándolo ogrulloso como señal de victoria.
Los minutos pasaban, el aburrimiento se apoderaba de mi y un mareo repentino pasó por mi cabeza sintiendo un calor insoportable; miré a la puerta de entrada y ví de forma muy borrosa el caminar de la gente que salía, y sin ningun temor le dije a mi chica: -me estoy mareando un poquito.
Lo siguiente que recuerdo fue estar en el suelo boca arriba con un enfermero levantandome las piernas y otros dándome ostias en la cara; al reaccionar me montaron en una silla de ruedas y me metieron en una habitación repleta de gérmenes a descansar un rato. Ya sé lo que estareis pensando: ¿cómo un tio grande, fuerte y musculoso como yo puede desmayarse con un pinchacito?, pues sí amigos míos, hasta los que vuelan más alto tienen que bajar alguna vez a tocar tierra.
En aquella confusión me había quedado incomunicado con mi niña y al no tener el móvil encima no pude preguntarle qué pasó exactamente. Cuando salí y la ví con cara asustadiza le di un abrazo fortísimo y de regreso a casa me contó que justo antes de desmayarme me ofreció un chicle, yo le dije que sí, y al intentar metermelo en la boca pensó que yo hacía el tonto porque la tenía cerrada,empecé a escurrirme por mi asiento hacia el suelo mientras ella intentaba sujetarme aparatosamente hasta llegar a darme un cogotazo con la cerámica. Se que ella lo pasó muy mal, así que desde aquí le mando un besazo y le doy las gracias como siempre lo haré por saber estar ahí para cuidarme.

domingo, 15 de marzo de 2009

Preguntas ¿sin respuestas?

Con frecuencia se me plantean dudas que aunque no existenciales me rondan la cabeza hasta hacerla estallar. Hoy ponemos sobre la mesa alguna de esas cuestiones y sugerimos algunas respuestas…

¿A qué sabe el cristal? ¿Por qué alguna gente huele a cebolla cuando suda? ¿Por qué a los zurdos les reservan la tercera fila en las clases de mi facultad mientras yo (que no veo un pijo, aún estudiando en Sevilla) me tengo que ir a la última fila? ¿Es que ser zurdo supone estar cegato? ¿Por qué nadie ayudó a Woody Allen a poner un título a “Vicky, Cristina, Barcelona”? ¿Tiene amigos Woody Allen? Y los padres, ¿de dónde vienen? ¿También la cigüeña? Si el Renault Scenic es un monovolumen, ¿el Clio es un mediovolumen? ¿y el Smart qué es? ¿Por qué teniendo tan tremendo patrimonio lingüístico, nuestras dos palabras más internacionales (fiesta y siesta) sólo varían en una letra? ¿Por qué cuando pensamos no nos suda la cabeza?

Preguntas absurdas requieren respuestas penosas...

El cristal, al no tener sabor, podemos afirmar contundentemente que sabe a agua, al igual que el plástico amarillo, los libros-guías sobre países y los dvds… También es aplicable a la famosa pregunta “¿a qué huelen las cosas que no huelen?” evidentemente, a agua. Sobre las preguntas siguientes, mejor dejo caer otras preguntas: ¿Cómo estamos tan seguros de que son las personas las que huelen a cebolla y no al revés? ¿Por qué no regalan gafas a los zurdos y que se sienten donde puedan? ¿Es que a Penélope se le ha olvidado su español? Si no es así, ¿va a ser verdad que Woody se ha quedado sin amigos?

Lo de los padres es inquietante… de cualquier modo, ¿para qué querríamos un monovolumen sin padres? ¿Usaríamos entonces ya por fin la palabra mediovolumen?

En cuanto a nuestra riqueza lingüística es fácil, los españoles somos así de vagos. Cuando tenemos que estar de pie queremos sentarnos, cuando tenemos que estar sentados queremos estar tumbados… ¡Si por ahorrarnos sudores innecesarios bajo el sol de verano nos ahorramos hasta el pensar!

Bueno, siempre nos quedará evitar quebraderos, aislarnos, comernos una papa caliente para salir del atolladero, darnos cuenta de lo mal que sienta semejante pedrada caliente en el estómago y esperar al siguiente fin de semana para pedirnos otra aun más caliente y más cargada de mayonesa...

lunes, 9 de marzo de 2009

Carta de presentación

¡Hola a tod@ los seguidores/as que siguen este exitoso blog!
Mi muy más mejor amigo ya ha hecho una breve reseña a modo de introducción sobre mi, lo cual agradezco, aunque me encuentro en mi derecho y deber de ¡Defenderme ante semejante ofensa! (recojo tu guante señor P)
Aunque es cierto (creedme, era bastante cierto) que tenía el labio como Buba gump, también es cierto que, además del labio, conseguí desarrollar otras cosas. Si, básicamente lo que es mi integridad como persona.
Tras largas horas de meditación a medio metro del espejo (para que ambos, yo y mi labio, cupiésemos), decidí que no volvería a beber más entre borracheras. Lo que viene a ser una especie de no comer entre comidas o no hacer un precalentamiento (cuando comes entre comidas ya estás llevando a cabo una "comida" y cuando estás haciendo un precalentamiento ya estás "calentando", ¡no existen semejantes fenómenos!). En conclusión, sólo habré bebido cuando me veais de resaca, lo cual es lógico; pero nunca habré bebido cuando no esté de resaca, lo cual dice algo muy positivo sobre mi, o bebo en condiciones... ¡o la puta al rio!
ainss... que maravillosos días han sido aquellos en los que básicamente toda preocupación era con quién hacías botellón, algunos de nuestros amigos eran siempre evitados, vease BIG L. Es más, achaco mi ansia por beber rápido a este personaje (GRAN personaje). Era como criarse con un herman@ obes@, o comías rápido.. ¡o la puta al río!
Aunque estos párrafos no me dejan en muy buen lugar, he de aclarar, que fueron años de convivencia con el creador de este blog... pringamos todos... ¡o la puta al rio!

El labio...

Para celebrar la incoporación de un colaborador al blog me gustaría que supierais qué tipo de persona es la que va a escribir historias, chistes o idioteces a partir de ahora.
Esta persona de sexo varón es la típica que durante el día ayuda a viejecitas a cruzar la calle y le suelta un par de monedas a los menos agraciados siempre que le es posible, o simplemente amenaza con llamar a la policía porque los perros sueltos de algunas señoras le persiguen ladrando mientras se va a correr.
Pero todo el mundo tiene un lado oculto, la verdad es que nunca sabes cómo reacciona la gente a la hora de ingerir bebidas alcohólicas, siendo ésta el tipo de persona que cambia radicalmente.
Para que os hagais una idea del tipo de lado oculto de mi colaborador os diré que una noche cualquiera saliendo de fiesta bebimos más de la cuenta (cosa que suele pasar amenudo) y los menos perjudicados tenemos que cuidar de los que más; tanto es así que en la cola de entrada de un pub de Málaga seguíamos la rutina de siempre: empujarnos como sardinas enlatadas intentando poner la mejor cara posible para que los porteros no se percaten de nuestro estado (algo imposible) y más cuando uno de nosotros se pone a pegarle mordiscos en la capucha al desconocido que estaba justo delante (¡ese es mi colaborador!jaja).
Tras un forcejeo por el cabreo más que lógico de aquel desconocido conseguimos entrar dentro del pub, pero lo que no sabíamos es que dentro acabaría apareciendo un personaje de metro y medio que decía provenir de la Cruz Verde (un barrio muy majo de Málaga como os podeis imaginar) y que sin venir a cuento le soltaría una caricia de puño cerrado en el gran labio de mi amigo que sangraría a borbotones antes de salir por patas.
Mi amigo no paraba de repetir: "¿pero qué es lo que ha pasado?" sin enterarse por la tremenda cogorza a lo largo de todo el camino a casa. Al día siguiente le conte todo lo que había pasado y después de reirse con el labio partido me dijo: quiero colaborar en tu blog para contar este tipo de historias y cagarme a gusto en los muertos de aquel enano jajaj.

viernes, 20 de febrero de 2009

El vómito...

En la cabeza de todo estudiante universitario que empieza a estudiar una carrera siempre está la misma cosa presente: la fiesta.
Resulta que despues de llevar toda tu vida encerrado en casa con los padres "estudiando" para aprobar en el colegio tiene una consecuencia lógica: el conocido "desfase universitario". Ya no tienes horarios, no existe la presión directa de los padres, a duras penas hay presión de estudios en los primeros años y la única cita a la que no falta nadie es a la fiesta.
Pues esta historia tiene lugar en la última salida de mi primer año con los compañeros de la residencia; la cosa empezó como siempre: primero unas cervezas con unas bravas en las brasas (un antro al que a todos nos han llevao engañados alguna vez y del que surgen leyendas como que se usa el cuchillo del jamón pa limpiar el filo del suelo de las puertas... menuda imaginación jajaj), después con el alcohol empezando a hacer efecto en nuestro organismo nos dirigimos a los bares donde el hecho de salir cada fin de semana ha dado lugar a camareros conocidos y consiguientes copas baratas, y por último terminar de dejarte el hígado en el "Casa Blanca" que es como se llamaba por aquella época, más conocido ahora como "el Doblon", siendo ahí de donde se sale perjudicado de forma bestial dada la gran calidad del alcohol servido en el local (puaaaj), y de ahi para la residencia a dormir (si es que no has conseguido a ninguna pájara a lo largo de toda la noche); pero en este caso ninguno de nosotros teniamos ganas de irnos a la cama, ya que al día siguiente tendríamos que despedirnos para volver a nuestras respectivas casas, con nuestros respectivos padres y nuestras respectivas costumbres aburridas.
Nos reunimos todos en los sofás comunitarios de la residencia para seguir la fiesta aunque la gente empezó a abandonar o en el mejor de los casos a quedarse dormida; fue entonces cuando se nos ocurrió la genial idea de mover el sofá con nuestro amigo medio en coma por los efectos del sueño y el alcohol, dejándolo puerta por puerta de cada habitación, llamando y esperando desde lejos ver la cara de la persona que abre la puerta y se encuentra con aquello (ajjaja).
Cuando lo repetimos varias veces, de las incontenibles risas nuestro amigo se acabó despertando, así que para seguir la fiesta sólo se nos ocurrió una última cosa: joder a aquellos que se fueron a dormir llamando a la puerta de forma agresiva y nada mas escuchar la apertura del cerrojo entrar todos del tirón gritando a la habitación. Así que fuimos a la puerta del que primero se fue a dormir de todos, que para mantener su identidad diré que se trata del "puto pank", donde entre 10 y 15 personas estaban preparadas para la gran intromisión de su actual morada; yo que estaba colocado de los primeros junto con otro compañero llamé a la habitación a puñetazos y patadas sin obtener en un principio respuesta, y nada más escuchar que la puerta se abria entramos todos gritando percatándonos de una gran sorpresa que nos acechaba: el suelo estaba cubierto de vómito y olía un pestazo inmundo y para colmo uno de nosotros tropezó con una zapatilla que giró innumerables veces encima de aquella papilla salpicando a todo aquel que estaba cerca con lo que se formó un angosto tapón entre los que tratábamos de salir y los que aun quedaban por entrar, un desastre.
Al día siguiente supimos que nuestro amigo se excusó ante sus padres con una "ingestión de comida en mal estado" jajajajajajajaj.